Si tiene lugar en una ciudad proyectada al futuro, en evolución constante y con la sensación de estar de moda todos los días. Si el evento se celebra en un moderno coliseo para el deporte. Si cuenta con el aliento de gente entregada a la gimnasia, a la juventud y al respeto de los valores esenciales del fenómeno olímpico. Si acostumbra a celebrarse en noviembre. Si es una cita esperada aquí y allí, en los cuatro puntos cardinales.

Si cuando arranca el espectáculo se asiste a un desfile de figuras trabajadas, banderas, razas, maillots, maquillajes y mucho más. Si pueden ser vistas actuaciones individuales, de dúos, tríos, conjuntos de cinco. Si hay rítmica, gimnasia acrobática, circo. Estrellas del deporte compartiendo escena con niñas que son un ramillete de ilusiones. Cintas agitadas sin tregua. Mazas emparejadas volando. Pelotas botadas, rodadas o lanzadas. Aros domesticados, elevados y recogidos con pulcritud. Cuerdas manejadas en los laterales y en acciones tipo ‘boomerang’.

Si hay arte, belleza, disciplina, elegancia, seguridad, precisión, carácter, plasticidad, sentimiento, calidad, riesgo, pasión. Si la ejecución de movimientos enlazados matrimonia con el ritmo. Si durante la actuación, siempre aderezada por el estilismo y el carácter, surge la sonrisa. Si los cuerpos adoptan cambiantes formas y despiertan los sentidos y los elogios.

Si los aplausos surgen naturales fruto de la admiración, no hay duda. Se trata de Bilbao y Barakaldo, y de la Gala Internacional de la Gimnasia Rítmica Euskalgym. Ernesto Díaz